Expo del Clásico, Entrega de ruta y Clásico Víctor Ruano

La aventura, la resistencia y el espíritu del enduro volvieron a unir a cientos de pilotos en uno de los eventos más esperados del calendario off-road. Así se vivió la Expo del Clásico, la entrega de ruta y el tradicional Clásico Víctor Ruano, una experiencia que combinó preparación, emoción y kilómetros de pura adrenalina sobre terreno extremo.

Todo comenzó el 21 de enero por la tarde, en un centro comercial de zona 15, donde se realizó la esperada Expo del Clásico y la entrega de ruta.


Aquí, los enduristas se dieron cita para recoger su material oficial, conocer detalles técnicos del recorrido y compartir con otros pilotos la emoción previa a la competencia.

El ambiente fue de camaradería total: motos en exhibición, stands de patrocinadores, pláticas técnicas y esa mezcla de nervios y entusiasmo que solo se siente antes de un reto grande.

La entrega de la ruta fue uno de los momentos clave, ya que los participantes pudieron estudiar los puntos estratégicos del recorrido, planificar tiempos y prepararse mentalmente para lo que vendría días después.

Más que un trámite, fue un punto de encuentro para la comunidad endurista, donde se reforzó el compañerismo que caracteriza a este deporte.

La verdadera acción arrancó el sábado 24 de enero, a tempranas horas de la mañana, en Pueblo Real, Tecpán.


Desde antes del amanecer, los motores comenzaron a encenderse mientras la neblina y el frío de la madrugada acompañaban a los pilotos que afinaban los últimos detalles de sus motocicletas.

Cientos de enduristas se alinearon listos para enfrentar una ruta exigente, técnica y llena de paisajes impresionantes.


La salida fue ordenada, pero cargada de emoción:  cada piloto sabía que estaba a punto de vivir una jornada inolvidable.

El recorrido inicial puso a prueba la resistencia desde los primeros kilómetros.
Terrenos mixtos, senderos naturales y cambios de elevación exigieron concentración total y control de máquina.

La primera parada fue en Playa Jaibal, en el lago de Atitlán, un escenario simplemente espectacular.  Aquí, los pilotos realizaron un breve pit stop para hidratarse, revisar sus motos y recuperar energía.


El contraste entre la adrenalina del recorrido y la tranquilidad del lago ofreció un momento perfecto para tomar aire antes de continuar.

Con fuerzas renovadas, los participantes retomaron la ruta rumbo a Molino Calderón, en Totonicapán.


Este tramo fue aún más desafiante, con terrenos técnicos, secciones angostas y obstáculos naturales que pusieron a prueba la experiencia de cada piloto.

Aquí se vio el verdadero espíritu del enduro: compañerismo en los puntos difíciles, ayuda entre riders y una lucha constante contra el cansancio y el terreno.

Cada kilómetro recorrido era una mezcla de desafío físico (breve pausa), habilidad técnica (breve pausa) y pasión pura por el motociclismo off-road.

El Clásico Víctor Ruano no es solo una ruta, es una tradición que reúne a generaciones de enduristas.


Pilotos experimentados y nuevos talentos compartieron el mismo camino, demostrando que este evento es tanto competencia como hermandad.

Las sonrisas al llegar a los puntos de control, las motos cubiertas de lodo y las historias compartidas al final del día fueron prueba de una jornada intensa pero inolvidable.

Así se vivió la Expo del Clásico, la entrega de ruta y el Clásico Víctor Ruano: un evento que combinó organización, aventura y pasión por el enduro en su máxima expresión.

Desde la planificación en zona 15 hasta los senderos que conectaron Tecpán, Atitlán y Totonicapán, cada momento fue parte de una experiencia que quedará grabada en la memoria de todos los participantes.

Porque en el enduro no solo se recorren kilómetros… se construyen historias sobre dos ruedas.

Recuerda que… vivimos la pasión por las motos… ¡donde quiera que haya motoristas!